« Mi Historia », Diana

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Me llamo Diana, en dos meses cumpliré 27 años y salí del closet en julio del año pasado. Bastante tiempo me ha tomado juntar el valor suficiente para poder admitirlo a mis padres y mejores amigas, pero sobre todo poder aceptarlo yo misma y vivir a pleno finalmente.

Yo supe que era lesbiana desde que tenía 14 años, pero traté de ocultarlo y negarlo hasta hace poco. No es que no esté orgullosa de lo que soy, pero tuve momentos difíciles en el colegio porque comenzaron a decirme lesbiana, a dejarme de hablar. Tuve años muy solitarios y complicados, por eso es que decidí enterrarlo en lo más profundo de mi ser y tratar de ser como las demás y conseguir un chico con quien salir.  Fue el peor error que cometí, a pesar de que en ese momento sentí que era lo correcto y que quizás estaba enamorada del chico con el que estuve, pero sólo por un mes y ya hace 5 años.

Pero no fue hasta que verdaderamente me enamoré, que supe lo que me estaba perdiendo. Que supe que no estaba viviendo mi vida, que supe que no era feliz porque no era yo, no me aceptaba tal y como era y buscaba vivir una falsa realidad sólo por complacer a la gente, a mi madre, a mis amigas, sólo porque trataba de encajar en una sociedad todavía intolerante e ignorante. Sigue leyendo

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« ¿Pero por qué yo no puedo? »

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Siempre he sabido que soy gay, desde muy pequeñito sabía que me gustaban los hombres. Al ser un gay sin pluma, ni amaneramientos pude llevarlo en secreto durante el colegio sin sufrir bullying por parte de ningun compañero. Yo era un chico normal, sacaba buenas notas y tenía mi grupo de amigos. Pero todo esto cambió al entrar en el instituto. Un día me dí cuenta de que mis amigos empezaban a querer salir con chicas, que hablaban de lo buena que estaba tal o cual compañera y fue allí cuando empecé a tener conciencia de lo distinto y diferente que era al resto. Yo no quería salir con chicas como tapadera, no quería fingir que me gustaban las mujeres y empecé a pasarlo mal. Mis amigos querían salir de bares y conocer chicas y yo empecé a alejarme de ellos, si me llamaban siempre les ponía alguna excusa para no ir, al final, ya no me decían nada y perdí los amigos. Sigue leyendo

« Fijando objetivos », NandoMguez

CrónicasEl día que le dé por primera vez un beso a un chico lo contaré”

Quizás suene un poco cursi, pero así comenzó mi historia. Soy un chico de barrio en el cual siempre ha habido cierto recelo a los homosexuales. Cuando era joven, conocía varios casos de homosexuales fuera del armario y no quería que me ocurriera lo que a ellos, ya que llegaron a sufrir no solo agresiones verbales, sino también físicas.

Pero vayamos por partes. No fue hasta 3º de la ESO cuando me di cuenta que era gay. Al principio me costó aceptarme, luego lo tomé como lo que es, algo natural. En 4º conocí a alguien que se convirtió en una persona muy importante en mi vida en muy poco tiempo, mi mejor amiga, a la que confié mi secreto y me dio el apoyo que necesitaba para no volverme loco.

Los meses pasaban, incluso los años, y yo sentía que necesitaba gritarlo a los cuatro vientos, pero por otra parte, no veía la necesidad de hacerlo y etiquetarme. Era un chico que tenía mucho miedo a la reacción de la gente de mi alrededor, al rechazo, sobre todo al de mi familia. Las demás personas en realidad me daban igual. Lo único que deseaba con todas mis fuerzas era que mi familia me siguiera queriendo. Sigue leyendo

« Un loco que se atrevió a soñar con la libertad », Marcgolab

BZDXMk1CUAEzat6Mucha gente me ha preguntado: ¿Por qué decidiste convertirte en activista por los derechos LGTB+? Responderé. La vulneración de los derechos LGTB+, que son al cabo, derechos humanos, es algo impermisible. Todos somos personas iguales, todos debemos ser respetados, y nadie tiene el “derecho” a vulnerar nuestra libertad. Vive y deja vivir. No oprimas nunca a los demás, ayúdales a ser mejores personas y también más felices. La discriminación es absurda pues NADA justifica “ser superiores” que los demás.

Mi historia comienza en mi primer colegio donde ya antes de los 10 años no dejaron de llamarme maricón y variantes… Y todos los compañeros estábamos atados a lo que llamábamos “el grupo”, con el jefe, el matón… Y más valía no contradecir al cabecilla… Sufrí mucha discriminación en ese colegio, y no solo física. Muchos días llegaba a casa llorando. Además, no solo los alumnos eran los discriminadores, también hubo algún profesor que se encargaba de amargarme la vida. Esa situación era insostenible, por lo que por muchas razones, entre otras cosas el motivo de la discriminación, decidí cambiarme de colegio. Sigue leyendo