« Fijando objetivos », NandoMguez

CrónicasEl día que le dé por primera vez un beso a un chico lo contaré”

Quizás suene un poco cursi, pero así comenzó mi historia. Soy un chico de barrio en el cual siempre ha habido cierto recelo a los homosexuales. Cuando era joven, conocía varios casos de homosexuales fuera del armario y no quería que me ocurriera lo que a ellos, ya que llegaron a sufrir no solo agresiones verbales, sino también físicas.

Pero vayamos por partes. No fue hasta 3º de la ESO cuando me di cuenta que era gay. Al principio me costó aceptarme, luego lo tomé como lo que es, algo natural. En 4º conocí a alguien que se convirtió en una persona muy importante en mi vida en muy poco tiempo, mi mejor amiga, a la que confié mi secreto y me dio el apoyo que necesitaba para no volverme loco.

Los meses pasaban, incluso los años, y yo sentía que necesitaba gritarlo a los cuatro vientos, pero por otra parte, no veía la necesidad de hacerlo y etiquetarme. Era un chico que tenía mucho miedo a la reacción de la gente de mi alrededor, al rechazo, sobre todo al de mi familia. Las demás personas en realidad me daban igual. Lo único que deseaba con todas mis fuerzas era que mi familia me siguiera queriendo.

Harto de esconderme y no poder decirlo a nadie, y dado que soy una persona competitiva incluso conmigo mismo, un día pensé “Si no lo puedo contar por mi propia cuenta, tendré que ponerme un objetivo”. De ahí nació la frase que da comienzo a esta historia. “El día que le dé por primera vez un beso a un chico lo contaré”.

Pero todo seguía igual. El tiempo pasaba y no conocí a ningún chico durante un tiempo. Veía a mis amigos y amigas emparejados y enamorados y yo quería sentir lo mismo, y notaba que había una barrera que me lo impedía, no sé si impuesta por la sociedad o por mí mismo, que me hacía creer que nunca podría vivir algo como eso. Durante todo este tiempo, pasaron varias cosas, como enamorarme uno de mis amigos, pero para eso necesitaría otro post aparte.

Dicen que cuanto menos buscas algo, antes aparece. Estuve durante mucho tiempo destrozado por mi enamoramiento, así que lo que menos quería era buscar nada. Entonces, ¿qué ocurrió? Apareció. Conocí al chico que haría nacer las mariposas de mi estómago. Lo conocí en un chat al que me metí una tarde por aburrimiento. Estuvimos hablando durante un tiempo y un día decidimos vernos. Después de pasar toda la tarde, en el cual los dos nos moríamos de ganas por besarnos (nos lo contamos tiempo más tarde), nos despedimos con un ligero beso de mejilla que se convertiría en un pequeño pico. Fue uno de los mejores días de mi vida. Y de los que más nervios he pasado.

Al día siguiente quedamos en reencontrarnos en una discoteca de ambiente muy conocida en mi ciudad a la que yo nunca había ido. Era la primera vez que salía de ambiente y me moría de los nervios porque no sabía qué podía encontrar, pero esa noche también da para otro post. Allí me encontré con el chico y, después de estar un rato con él, me lancé a besarle. La noche fue perfecta a partir de ahí. Pero como todo, acabó. Y tuve que volver a casa, habiéndome besado con un chico. Tenía que contarlo, me lo había prometido a mí mismo.

La tarde siguiente, 9 de julio de 2011, me dirigí a mi madre y no terminé la frase “Mamá, tengo que contarte algo” sin romper a llorar. Mi madre se asustó, claro, como toda madre se asustaría. Yo seguí “Mama, he conocido a alguien que me gusta, pero es un chico”. La cara de mi madre fue un poema.“¿Un chico?” “Sí, soy gay”. A todo esto, yo seguía llorando como una magdalena. Cuando se le fue la cara de sorpresa, se levantó a abrazarme y después de estar un rato callados, me dijo que no pasaba nada, que todo estaba bien, que no iba a dejar de quererme y que pelearía por mí todo lo que hiciera falta. Después de eso, se tuvo que tomar un tranquilizante del susto que le había dado al principio. También le pedí que se lo dijera ella al resto de la familia, ya que yo no me veía ni con ánimos ni con fuerzas, ya que cada salida del armario que había vivido había sido muy dura a pesar de que todas habían sido muy positivas (ya se lo había contado a varios amigos a estas alturas).

Y ahora viene la parte más extraña de la historia: la reacción de mi padre. Desde los 14 años, mi padre y yo no teníamos mucha relación, solo nos dirigíamos unas cuantas palabras cuando era estrictamente necesario. Era un hombre muy de derechas, de mente cuadriculada al que había escuchado más de una vez algún comentario homófobo. Entre esto y la poca relación que teníamos, me daba bastante igual su opinión respecto a mí y mi orientación sexual, sinceramente. Después de que mi madre se lo dijera, estuvo dos días sin mirarme a la cara. Pensaba que sería así para siempre, hasta que un día llego del trabajo y me saludó con un tímido “Buenas”. Me quedé extrañado, pero le devolví el saludo. Un minuto más tarde, apareció por la puerta de mi habitación, con los ojos llorosos (mi padre, llorando, cosa que en la vida había visto), y me dijo: “Sabes como soy y como pienso y voy a necesitar un tiempo para entenderlo, pero eres mi hijo y te quiero tal y como eres. Te voy a apoyar en lo que necesites.” y me dio un abrazo. A partir de entonces, podría decir que la relación con mi padre parece que ha mejorado.

El resto de mi familia se lo tomó muy bien, sin ningún tipo de problema aparente. Incluso algún familiar me llegó a pedir perdón por si alguna vez había hecho un comentario homófobo delante de mí y me había sentado mal. A partir de ese día, mi vida comenzó a ir mejor. Por fin era yo mismo y no tenía nada que esconder.

Y esta es mi historia. Escribo este relato, sobre todo, para ayudar a los posibles jóvenes que me lean y que tienen miedo a mostrarse tal y como son a dar ese paso. A lo mejor esta es una historia más de las miles que se pueden leer por la red (yo busqué muchas que pudieran ayudarme), pero si ayudara aunque fuera a una persona, yo ya sería feliz.

Sé que, cuando estás en esa situación, todo parece oscuro, todo parece que va a salir mal, pero nada más lejos de la realidad. Simplemente tómate esto es una prueba, no para ti, sino para los demás. Para saber quién merece la pena y quién no. Para saber quién va a estar a tu lado cuando lo necesites. Para saber quién te quiere de verdad. No tengas miedo a salir del armario, tampoco prisa. Tómate el tiempo que necesites y, cuando estés preparado, hazlo.

A todos los que me han apoyado, que no han sido pocos.

NandoMguez

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6 pensamientos en “« Fijando objetivos », NandoMguez

  1. Un relato tierno que seguro provocará alguna confesión a una madre…que en pleno s.XXI un chaval se sienta atemorizado por la opinión de sus padres sobre su sexualidad…me dice que España no va bien….pero esto tbien es tema para otro capítulo. ..porque cuando decides vivir tu sexualidad, te enfrentas a la falta de romanticismo , a la dureza y desgranó del mundo gay y ahí comienza otra lucha que se convierte en otra soledad. .. (tbien para otro capitulo).

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