« Reacciones inesperadas », Iko. M

980543596db04e7b69b402c826c4077b« Apenas había cumplido la mayoría de edad, y dentro de mí sentía una sensación que estaba a punto de desbordarse. Era una mezcla entre necesidad y miedo que a la vez me contradecían mis emociones. Jamás antes había sentido algo parecido, claro que nunca imaginé encontrarme en una situación así, pero creía que ese momento tenía que llegar más tarde o temprano.

Cuando supe que me gustaban los chicos, fue una vez que finalicé mis estudios de la ESO, antes no pude encontrar un momento para pensar en ello. Tenía cosas más importantes por las que preocuparme, por ejemplo evitar que me llamaran aquello de “maricón” y demás derivados. Hasta mis dieciséis casi diecisiete, intenté engañarme sobre mi condición, posiblemente por mi agotamiento a recibir el mismo intento de insulto poco inteligente diario. La situación no era fácil, cada vez se complicaba más, jamás lo entendí, pero era así. Llegué hasta el punto de pasarme al bando de esos seres, a la caza del “maricón” de turno. No me sentía para nada bien conmigo mismo, porque la educación que había recibido en mi casa no se parecía a nada con lo que me vi haciendo en varias ocasiones, pero sí que de alguna manera me servía para distraer la atención de aquellos que no habían hecho nada más que llamarme de todas las maneras, menos por mi nombre.

En mi casa siempre se había podido hablar de todo, mis padres no han sido nunca estrictos, y así supieron darnos una buena educación tanto a mí como mis otros hermanos. Pero sí puedo recordar que en más de una ocasión, había podido escuchar una de mi más temida frase “Si Franco levantara la cabeza…”. Algo que hacía que me estrujaran el estómago, y el cual hacía que no diera un paso hacia adelante, así que prefería quedarme en el mismo sitio.

A mis dieciocho, cuando sabía que si mis intenciones salían mal, podría buscarme la vida por mi solo, decidí contárselo a mi madre. Sentí que todavía no era el momento de contárselo a mi padre, quizás porque siempre lo habíamos tratado con más respeto al ser una persona de carácter más serio y sentía como miedo. Me acuerdo del momento que no pude más y aprovechando que mi padre no estaba en casa, me sinceré con mi madre.

-Mamá, tengo que contarte algo muy importante para mí. No espero que lo entiendas, pero me gustaría que me apoyaras – Dije con voz entrecortada y lúgubre.

-Claro que si, dime – Mientras tomaba asiento y encendía un cigarrillo.

-No sé si lo sabrás, pero antes de que te enteres por otras personas, tengo que decirte que me atraen los chicos.

-¿Qué? –El humo salía expulsado más de rápido de lo habitual – Pero ¿En que sentido?

-¿Pues en qué sentido va a ser, mamá? Pues que me gustan los chicos, que no me gustan las chicas. Que soy gay.

En ese momento sentí un sudor frío que me acumulaba toda la frente, y recorría mi cara. Sentí como que algo no iba a ir nada bien. Y de repente, mi madre se tiró al suelo sin soltar ese cigarrillo, y empezó a reírse a tremendas carcajadas sin parar. Mi cara era un poema, no estaba entendiendo nada de su reacción, quizás eran los nervios que la hizo reaccionar así. Estaba totalmente descuadrado, no sabía qué hacer. Ella sí, seguía revolcándose por el suelo sin parar de reír.

-¡Mamá! ¡Que es algo muy serio y es muy importante para mí!

Una vez sus carcajadas disminuían, seguía dándole caladas a aquel cigarrillo que parecía no consumirse nunca.

-Mira cariño, esto seguro que es una moda. O seguro que es por qué irás con gente así, no sé. Pero ya verás que cuando encuentres a una buena mujer con un buen par de tetas, se te quita esto de la cabeza.

-No pretendo que lo entiendas ahora, pero sí que me apoyaras a partir de ahora. Que no le digas nada a papá. Que espero decírselo yo cuando esté preparado.

Tras su afirmación, un par de cigarrillos más y la charla más extensa que tuvimos aquella noche, jamás me faltó su apoyo. Y el tiempo le hizo entender mi forma de amar.

Un año más tarde, llegaba por sorpresa el otro momento, mi otra mitad más importante y respetada, mi padre.

Una tarde, después de trabajar, había quedado con unos amigos para tomar algo y después de ducharme, mientras hacía tiempo hasta que llegara la hora, me senté en el sofá del salón donde estaba mi padre sentado en su silla de siempre, viendo la televisión. Recuerdo que estaba emitiendo un programa de máxima audiencia que solían emitir todos los días, y que aquella tarde trataban de testimonios que los habían echado de sus casas por diversos motivos. Y entre ellos, se encontraba un joven que sus padres lo había echado de casa por ser homosexual.

En ese momento, no sabía dónde meterme, porque si es cierto que esos temas me incomodaban muchísimo verlos con mis padres. Pero, no sé si mi madre tuvo algo que ver, a lo que ella siempre me aseguró que nunca le dijo nada, pero no escuché aquella temida frase, y a lo que fue algo diferente. Fue el caso de aquel joven, lo que hizo que mi padre se levantara de su silla y se dirigiera directo a mí, me cogió suavemente por la oreja y agitándola, me dijo:

-Pues yo no te echado de casa por ser así – Mientras se reía me soltaba de la oreja y se iba hacia la cocina.

No pude encontrar en ese momento ninguna respuesta. Me sentí bloqueado, sentí que si en aquel momento me hubiera pinchado con un alfiler no hubiera soltado ni una gota de sangre. Aquel momento, se me detuvo por completo, el aire me faltaba a momentos y mi única reacción fue coger las llaves de la moto e ir con los amigos que había quedado. Tal era mi ausencia aquella tarde, que los chiquillos me lo notaron de seguida, y les tuve que decir que había tenido un día duro en el trabajo y necesitaba descansar, y sin pensármelo dos veces me regresé a casa.

Una vez entré por la puerta, fui directamente a mi padre, lo abracé y le besé en la mejilla, y le di las gracias.

-No me tienes que dar las gracias – Respondió mientras nos abrazábamos – Además ¿Que quieres que haga? Eres mi hijo y te quiero por quién eres. Siempre serás el pequeño de mi casa, mi ojito derecho. Y si tú eres feliz así, yo también lo seré.

-Y ¿Desde cuándo lo sabes? – le pregunté con lágrimas en los ojos.

-Desde que eras pequeño. Siempre lo he sabido, soy tu padre. Jamás le dije nada a tu madre porque sabía que algún día lo harías tú – Contestó sonriendo – Eso sí, te pido un favor. Lo mismo que yo te he comprendido y te voy a apoyar en lo que necesites, te pido que me respetes. Quiero que seas el mismo hombre en casa como en la calle. Sabes que la gente le gusta mucho hablar y conozco mis reacciones y no le aguantaría a nadie que viniera faltándote el respeto.

-Claro que sí, papá – Mientras asentía con la cabeza.

Desde aquel instante, no volví a sentir aquella asfixia que pude llegar a sentir en algunos momentos que hacía que cada día que pasara hiciera que fuera cuesta arriba. Sentí como me quitaba un gran peso de encima. Ya no volví a hacer nada a escondidas de mis familiares, ni amigos. Era quien era, antes y después de sincerarme con mis padres. Quien realmente me quiso, a día de hoy me sigue queriendo, y si alguien no lo hizo de verdad, en algún lugar del camino se quedaría. Y hoy no le echo de menos, porque nunca estuvo.

Esta es mi historia, y recomiendo a todas esas personas que a día de hoy sienten ese temor y a la vez la necesidad de contarles a esas personas importantes de sus vidas, la realidad, su verdad. Yo lo hice con mis padres, y ellos me enseñaron los verdaderos valores de la vida, y de ellos necesitaba ese calor que venía recibiendo desde que nací para seguir adelante y aceptarme tal y como era. Desde entonces, ya han pasado diez años, los sigo teniendo a mí lado, jamás me ha faltado su apoyo, y siempre les estaré eternamente agradecido por no haber corrido la misma mala suerte de aquel joven del programa de televisión, al que un día le echaron de su casa por el simple hecho de ser homosexual y que podía haber sido yo. »

 A papá y mamá,

por haberme hecho el camino más fácil.

Iko M.

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2 pensamientos en “« Reacciones inesperadas », Iko. M

  1. Es un honor ser el primero de abrir algo tan imprescindible y necesario a la vez. Espero que mi historia, que es totalmente real, sirva para apoyar a mucha gente que se encuentra en una situación como yo me encontré en su momento. Así sin más, al menos leer una historia más, y haberos entretenido un rato, pues os lo agradezco y estoy seguro que a la persona que administra este nuevo y digno espacio, os lo agradecerá el doble. Os invito a que se unan y colaborar con la buena intención que está creado este lugar, porque cuando piensas que nadie puede “escucharte” siempre hay alguien dispuesto a hacerlo. ¡Ánimos, y estoy deseando leer muchas, muchas historias más! Y una vez más, gracias y encantado de haber podido colaborar con un trocito de mí. ¡Gracias!

  2. Acabo de descubrir este blog. Estoy leyendo vuestras historias y bueno, no he llorado pero me ha faltado muy poco. Porque el hecho de que seamos capaces de escribir esto, para que algún día alguien pueda leernos, significa que estamos multiplicando la esperanza de quienes todavía están “dentro del armario”. Nuestras palabras son su esperanza.

    ¿Alguien puede decirme cómo contactar con vosotros para enviaros mi historia? Por si os apetece publicarla aquí. Sería un placer.

    Julioelperiodista :D

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